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La Casa Surga

Entre todas las casas señoriales que podemos ver en Utrera hay algunas que están en buen estado de conservación y otras que se encuentran abandonados y avanzan progresivamente hacia su desaparición si nadie hace nada por remediarlo.

Una de estas casas que se encontraba en mal estado y que se iba deteriorando con el paso del tiempo era la Casa Surga que para alegría de todos los ciudadanos utreranos ha sido restaurada recientemente.

Situada en plena vereda, una de las arterias circulatorias de la ciudad, esta casa barroca ha recuperado su esplendor convirtiéndose en otro atractivo interesante para el visitante, permitiendo además conocer un lienzo de la historia de nuestra ciudad.

Esta casa de estilo barroco es uno de los símbolos de la expansión que experimentó la ciudad durante los siglos XVII y XVIII cuando grandes familias utreranas decidieron edificar sus casas-palacio como elemento que demostraba su grandeza.

La Casa Surga como muchas de las casas-palacio que han pervivido hasta nuestros días estaba estructurada en torno a un gran patio central porticado con arcos de medio punto sobre columnas, alrededor del cual se establecían el resto de dependencias. Además es una casa de dos plantas, accediéndose a la planta alta a través de una escalera monumental situada en uno de los ángulos del patio.

Fue construida por Francisco Fernández de Abaunza en 1783, Alguacil Mayor del Santo Oficio en Sevilla, y actualmente está declarada Bien de Interés Cultural, siendo una casa en la que como en otras podemos ver un patio trasero donde hay una serie de dependencias dedicadas a guardar el instrumental agrícolas, la maquinaria, los productos del campo e incluso los productos del campo.

Destaca dentro de la casa la fachada que da a la Vereda, donde vemos la portada principal labrada en piedra siendo una de las más ricas de la ciudad y en la parte alta vemos una serie de ventanas en forma en forma de arcos de medio punto y que sirve dentro de la casa como mirador. La portada está dividida en dos cuerpos, estando el bajo flanqueado por dos columnas estriadas. Corona este primer cuerpo una cornisa curva sobre la que se sujeta el balcón principal de la casa, enmarcado por jarrones y columnas rematadas con capiteles jónicos. Rematando toda la fachada vemos un frontón en el que se coloca el blasón o escudo de armas de la familia.

El último morador de la casa fue el sacerdote Eduardo Espinosa y González-Pérez que al morir se la dejó a varios herederos, lo que llevó a que ninguno la habitara y la casa quedara abandonada, sufriendo durante años el expolio tanto de sus muebles como de sus elementos decorativos perdiéndose un importante patrimonio histórico para la ciudad.

Como dato curioso señalar que durante la restauración se han encontrado una serie de rostros indígenas pintados durante el siglo XVIII y que formaban parte de la decoración de la casa. Parece ser que la familia Fernández de Abaunza construyó su riqueza a través de una serie de negocios en América, lo que pudo inspirar la decoración de la casa. Esta pinturas en las que predominaba el color rojizo ocupaban toda la fachada del edificio y actualmente están siendo objeto de estudios más profundos.


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